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Por qué las agresiones son una de las causas más importantes de muerte entre varones jóvenes

La periodista, docente y escritora Gabriela Urrutibehety , que recientemente publico el libro «Monstruos» (donde realiza una revisión critica de lo acontecido en Dolores durante el juicio por el homicidio de Fernando Baez Sosa desde distintas aristas), retoma aspectos trabajados por nuestro equipo técnico en el articulo «Acerca de la violencia entre varones».

Agredecemos a Entrelíneas.info por el espacio en esta nota, para reflejar y visibilizar algo de la violencia entre varones.

Te dejamos la nota «Por que las agresiones son una de las causas mas importantes de muerte entre varones jovenes» por Gabriela Urrutibhety en Entrelineas Info: https://www.entrelineas.info/articulo/1066/42402/por-que-las-agresiones-son-una-de-las-causas-mas-importantes-de-muerte-entre-varones-jovenes

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Curso “Incorporación de la perspectiva de género a la actuación policial y penitenciaria”

En esta oportunidad contamos con la presencia de la Sra. Subsecretaria de Asuntos Penitenciarios Lic. Graciela Sare, Subsecretaria de Control de Gestión del Ministerio de Seguridad Lic. Emilia Tarifa, el Director General de Institutos e Instrucción de Policía de Tucumán Crio. Gral. Claudio Nestor Dadín, el Rector del IES de Policía Crio. Insp. Silvio Osvaldo Luna y la Vicerrectora del IES Crio. Ppal. Fernanda Gabriela Torres; y Los Disertantes: Mariela Migueles, Abogada, Vanesa Soledad Moreno, Licenciada En Psicología, Roberto Domingo Battaglia, Licenciado En Psicología, Gisela Marilin Bournot, Abogada, Ines Oleastro, Licenciada En Sociología, Betiana Cabandie, pertenecientes a la ONG Generación Igualdad.

El Objetivo de este curso del que participaron más de 70 Empleados Penitenciarios, fue fortalecer las capacidades institucionales de la fuerza penitenciaria para la transversalización de la perspectiva de género tanto en su estructura y funcionamiento interno como en el cumplimiento de sus funciones hacia la comunidad.

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Herramientas para la actuación policial y penitenciaria con perspectiva de género

El lunes participaron 90 agentes del Servicio Penitenciario y la jornada se desarrolló en los ejes masculinidad y diversidad sexual.

Hoy cerramos las capacitaciones con un grupo de 60 agentes que integran la policia de la provincia.

Además estuvieron presentes @josefarhatok , Sec. de Participación Ciudadana; Mariano Fernández, Sec. De Relaciones Internacionales; Lic. Emilia Tarifa SubSec. De Control de Gestión; Silvio Luna, Rector IES y el Director de la Escuela de Suboficiales crío. Ppal Veliz.

Nos volvemos muy contentos y enfocados para continuar nuestro trabajo en 2023

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Presentación de la 4ta Edición de la Revista del GEDS – Perspectiva de género

Este número, dirigido por Verónica Vidal y Guillermo Kutter, centró su mirada en la transversalidad de la perspectiva de género a todos los aspectos del Derecho Laboral.

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Acerca de la violencia entre varones

Desde el inicio del Juicio por el homicidio de Fernando Báez Sosa, la ciudad de Dolores y el país entero permanecieron en vilo día tras día, siguiendo los acontecimientos de cada jornada del debate, que vale decir registró un seguimiento mediático pocas veces visto.

Concluido el proceso y expedida la sentencia, hoy nos parece pertinente enunciarnos sobre algunos puntos -a nuestro entender trascendentales- ya no relativos a la comprensión o análisis del caso en sí, o respecto al trazado de diagnósticos sobre la personalidad de los acusados, sino para reflexionar acerca de la línea de prevención en hechos similares, tal y como nos compromete nuestro trabajo.

Nos interesa el análisis general de las conductas, actitudes, como así también las cuestiones sociales y culturales que atraviesan el caso, para abrir interrogantes y pensar conceptos, que orienten una línea preventiva.

En este aspecto debemos resaltar que no es el objetivo de este texto restar responsabilidad a quienes participaron en la muerte del joven Fernando. Siendo personas mayores de edad, con facultades de razonamiento y elección, deben ser responsabilizados legalmente por los hechos que cometieron, sin que ello implique una opinión sobre la condena que sobre ellos ha recaído.

Pero esa Justicia que fue impartida, en definitiva, no nos devuelve a quien falleció, ni previene nuevos hechos de esta naturaleza… Nos preguntamos y debatimos: ¿Una sanción jurídica “ejemplar” para algunos de los acusados con las máximas penas que prevé el Código Penal Argentino, tendrá eficacia en prevenir estos episodios a futuro? ¿Acaso estas condenas realmente impactarán en el cese de más muertes entre jóvenes ocasionadas en riñas, en espacios nocturnos? Creemos que la respuesta es negativa.

El informe de estadísticas vitales realizado por el Ministerio de Salud de la Nación, nos decía que, en 2018, murieron en Argentina un total de 604 varones, de entre 15 y 29 años, víctimas de agresiones. De ellos, más del 40% tenía entre 20 y 24 años. Estos datos fueron publicados a fines de 2019 por la Dirección de Estadística e Información de Salud (DEIS).

De las 1.641 muertes totales por agresiones (en todas las edades y ambos sexos), casi el 83% (1.361) fueron varones, y en todos los casos, la mayor cantidad de decesos se concentra en las franjas etarias correspondientes a la adolescencia y la juventud (entre 15 y 29 años) con 694 fallecimientos.

En julio de 2019, la entonces Secretaría de Salud de la Nación y Unicef Argentina publicaron un informe analizando, entre otros factores, el fallecimiento de los adolescentes en Argentina sobre la base de datos de la DEIS en 2017. En este sentido, la socióloga Ana Miranda (responsable del Programa de Investigaciones de Juventud de Flacso Argentina), en nota brindada a Telam, detalló «Si bien la mortalidad en la adolescencia no es un evento frecuente y apenas representa el 1% del total de muertes que se producen anualmente en el país, adquiere una gran relevancia el hecho de que más de la mitad (57%) de las defunciones de adolescentes resultan evitables, ya que son secundarias a causas externas”.

A colación de lo expresado, cabe aclarar que se entienden por «muertes externas» a aquellos accidentes o eventos no intencionales, suicidios o lesiones autoinflingidas, agresiones o lesiones intencionales y defunciones por intervención legal. En ese contexto, el informe advirtió que en las defunciones por violencias existe una marcada sobremortalidad masculina: por cada mujer adolescente fallecida, murieron cerca de tres varones. Es en el caso de las agresiones cuando la tendencia se incrementa sustancialmente: cinco varones fallecidos por cada mujer.

Por su parte, el médico psiquiatra Enrique Stola, destaca que la violencia entre varones, es más recurrente de lo que pensamos, que no está problematizada y señala: «Se trata, en definitiva, de modalidades de expresión de la misma violencia, intragénero cuando se aplica sobre otros varones, y de género cuando es sobre mujeres y otros géneros subordinados».

Este concepto también abarca las violencias que pueden ser ejercidas entre personas del colectivo LGTBIQ+, dentro de un mismo vínculo sexo afectivo.

En una entrevista para el medio “El Editor”, titulada «La sociedad sigue produciendo y sosteniendo la mentalidad patriarcal», el Dr. Stola realiza un análisis del caso Báez Sosa, tomando como punto de partida los mandatos sociales de la masculinidad hegemónica heteronormativa: “los acusados vienen cumpliendo con lo que se espera de un macho en nuestras sociedades: varones que atacan con violencia física y verbal, gritos descalificatorios de contenido clasista-racista y la expresión de emociones y sentimientos que tienen que ver con el sentirse machos. Se identifican como grupo y cada uno con el grupo, debiendo mantenerse la lealtad y no expresar otras emociones y sentimientos que demuestren “debilidad” a la mirada de los demás. Agredir violentamente, vencer al otro y sentir que individualmente y como grupo son poderosos es parte de los rituales de reconfirmación de la propia masculinidad, tal como lo exige la sociedad patriarcal”. De la misma manera, resalta cómo la expresión “sin piñas no hay alta noche” es asumida por miles de jóvenes en nuestro país, quienes “consideran que la pelea y el sometimiento de otros es parte del divertimento”.

Regresando al tema de la condena legal y social por la muerte de Fernando… ¿Qué es lo que nos lleva a pensar que una condena ejemplar servirá a los fines de impactar en la juventud para que estos hechos dejen de suceder?

Hemos relevado en los últimos tres meses al menos 10 casos similares, muchos de ellos acaecidos luego del inicio del juicio por el homicidio de Báez sosa, en los que un grupo de varones golpea y lastima a otro varón, que suele estar solo o en desventaja numérica.

Hace apenas unos días atrás leíamos el titular en la placa del noticiero de un canal importante, “La violencia no frena: golpean entre 10 a un joven a la salida de un boliche en Cañuelas”, mientras se veía un video del hecho, donde entre varios varones pateaban en el piso a otro adolescente varón, quien según informaba el medio, quedó internado con múltiples lesiones y fractura de cráneo.

Por citar algunas noticias y sus titulares:

  • “Brutal pelea a la salida de un boliche en el Bolsón: tres heridos”. Dos grupos de jóvenes se enfrentaron en una brutal pelea callejera a la salida de un boliche, con 3 heridos, dos internados de gravedad. En el video se puede ver a tres jóvenes que producto de los golpes caen inconscientes en el asfalto, “a ese lo mataron y a ese también”, se oye en el video de quien presenciaba la escena. En infobae.com, del 6/11/22.
  • “Año nuevo con violencia: un apuñalado en una pelea callejera, donde tres jóvenes fueron abordados por una decena de sujetos en la madrugada de Año Nuevo”. En nacpopcañuelas.com, del 3/1/23.
  • “Diez agresores desmayaron a trompadas a un joven a la salida de un boliche y festejaron: lo matamos”. “…Los vi acercarse y pensé que podía pasarme lo que le pasó a Fernando Báez Sosa”, dijo la víctima. En tn.com.ar, 11/1/23.
  • “¡Se van a matar, basta!: brutal golpiza a la salida de un boliche en San Pedro”. “…Lo podés matar, ¡pará!” le gritaron a uno de los agresores, sin lograr disuadirlo de su violenta reacción. En Perfil.com, del 20/1/23.
  • “Violencia en la madrugada de 25 de Mayo: una pelea que pudo terminar en tragedia”. Varias personas se trenzaron en la calle a golpes de puño y hasta patadas en la cabeza, es lo que se observa en los videos mientras se producían gritos y corridas por doquier. En 25digital.com.ar, del 23/1/23.
  • “Mataron a un adolescente tras una pelea a la salida de un boliche en Jesús María: son 20 los detenidos”. Tras el enfrentamiento entre dos grupos de jóvenes, se dispersaron y quedó una persona tendida en la vía pública, un joven de 16 años con un golpe en la cabeza, que habría sido un botellazo. En Infobae.com, del 8/1/23.
  • “Violencia en las calles: balean a un hombre durante una pelea callejera en San Miguel de Tucumán”. En viapais.com.ar, del 3/2/23.
  • “Detenidos y hospitalizados por peleas grupales a la salida del boliche en Neuquén”. “Este lunes, último día del fin de semana largo, amaneció con tres peleas grupales, dos en el centro, y otra en el barrio el Progreso. Uno de los hechos termino con 10 personas detenidas y tres en el hospital”. En Noticiasdebariloche.com.ar, de noviembre del 2022.

Sumado a estos hechos que han sido noticia, podemos citar cantidad de relatos de amistades, familiares, conocidos, pacientes o jóvenes con los que realizamos talleres, donde se describen escenas de enfrentamientos con otros individuos, en grupo o individualmente, peleándose “a trompadas y patadas”, o en el peor de los casos mediante el empleo de diversos objetos, a la salida de boliches, de colegios, de partidos, de cumpleaños o eventos de cualquier índole, o incluso en la calle, por conflictos de tránsito.

Historias disímiles y a su vez similares que se repiten una y otra vez. Escenas que no son solo de la actualidad, sino que vienen reproduciéndose y avalándose, implícita o explícitamente, pero que ocurren, ocurrieron, y al parecer, continuarán ocurriendo.

Si nos detenemos a mirar nuestra historia, podríamos retrotraernos a aquella época en la que se aplicaba “la Ley del Talión” (en latín, lex talionis), que es la denominación tradicional de un principio jurídico de justicia retributiva en el que la norma imponía un castigo que se identificaba con el crimen cometido, obteniéndose la reciprocidad. Época en la que se aplicaba la conocida frase del “Ojo por ojo”.

Este antiguo ordenamiento jurídico, evoca esa necesidad inherente al ser humano de castigar, de ejercer sufrimiento y castigo físico y/o social sobre quienes no se ajustaban a los mandatos sociales de ese entonces. Si bien los mandatos que rigen nuestra actualidad difieren de aquellas imposiciones normativas históricas, cierto es que también dejan al descubierto una especie de efecto Talión, que sí sigue vigente, en la calle y en el imaginario social.

Ahora bien, la justicia dejó de ser divina y retributiva, y los hechos de violencia continúan sucediendo. Evolucionamos, sí, y por ello es que nos asombra que el ser humano pueda matar sin contemplación del otro. El sujeto actual parecería alienado, donde se hace difícil este registro del otro, distinto a mí, y la capacidad de empatía parece desvanecerse. Hay menos tolerancia ante los hechos de violencia, y pareciera que se ejercen con más crueldad: “La repetición de la violencia produce un efecto de normalización de paisaje de crueldad”, había señalado la antropóloga y activista Rita Segato. Vemos que, en la actualidad, no hay espacio para la mediación de la palabra, para la simbolización, sino que todo es impulso y pasaje al acto, al mejor estilo de la película “Relatos Salvajes”.

Los motivos que se esgrimen para explicar las causalidades de los conflictos pueden variar, incluyendo justificaciones irrisorias y superficiales sobre cómo se vestía, cómo miraba, o si aparentaba ser un digno rival para desafiar la propia destreza… Son muchos los ejemplos que podríamos detallar y como ya referimos, no responden a eventos atribuibles sólo a estas generaciones actuales. “En el barrio hay que plantarse” nos refirió un joven de 15 años en un taller de masculinidades y salud mental.

Esta problemática no es selectiva de una clase social puntual: sucede en lugares que pueden verse muy dispares a lo lejos: del boliche más “cheto” y de moda, a la bailanta más “cabeza”, o al bar de rock “más pesado”, “más heavy”.

En estos ambientes, donde la nocturnidad genera otros matices, se mezclan distintas tribus urbanas, grupos, consumos desmedidos de alcohol y drogas, subjetividades diferentes, y las coyunturas propias de cada escena, donde un “¿qué miras?”, “le hablo a mi chica”, “me volcaste el vaso”, “me manchaste la camisa”, pueden ser la chispa que enciende el conflicto y la tensión, se da lugar a los impulsos, y en cuestión de segundos, las peleas y las violencias, se hacen presentes. Escenas que pueden ser realmente muy cruentas, feroces y violentas.

Esto fue muy bien analizado y descripto por el antropólogo argentino Mario Margulis, autor de “La Cultura de la Noche” para describir el escenario de la noche porteña en los noventa. Sería pertinente citar parte de ese texto, que aplica plenamente a la época actual, “En el tiempo y el espacio de la fiesta fluyen condiciones para que emerjan otras características de lo festivo: la libertad, la rebelión, la subversión de los poderes, el goce, la imaginación, el éxtasis. En la fiesta, la gente oficia su propia fiesta, se libera de los poderes habituales, de la dominación cotidiana, mediante la risa, el grotesco, la máscara… la risa es el gran instrumento de liberación, el humor, la burla, el insulto y la ridiculización de los poderosos, y ello es sólo posible en la fiesta, en el espacio y tiempo acotados en que es lícito invertir las condiciones habituales de existencia… la fiesta se realiza a través de estas oposiciones, de este situarse en un plano antagónico, activando lo opuesto de lo habitual opresivo… Pese a este esfuerzo por desentenderse del mundo diurno, en la cultura de la noche no dejan de estar presentes las formas de dominación y de legitimación vigentes en la sociedad. Predomina la dinámica de la distinción, de la exclusión, de las jerarquías… Existe la necesidad, la urgencia en los jóvenes por encontrar a sus pares, constituir agrupamientos, encontrar el espacio propicio para integrarse y diferenciarse, construir -aunque sea en el marco frívolo, fluctuante y transitorio de la noche- señales de identidad… La cultura de la noche es etnocéntrica, clasista y, hasta podríamos decir, racista…”.

Vemos, que en todas las escenas que analizamos se repiten escenarios, actores, coordenadas y posibles variables: se dan de noche/madrugada entrando la mañana, se originan y comienzan dentro de boliches o espacios destinados a la recreación y diversión (fiestas), y finalizan en la calle o zonas aledañas a donde se desarrollaba el evento. Los protagonistas recurrentemente son varones con considerables niveles etílicos en sangre o consumos de drogas ilegales (marihuana, cocaína, éxtasis, las más frecuentes).

Describe Margulis: “Dentro de cada género de la cultura de la noche existen códigos sutiles para reconocer y apreciar la afiliación a los diferentes matices. Para ser aceptado es frecuente que un joven deba hacer un esfuerzo de adaptación en su apariencia, su lenguaje, su vestimenta, sus modales. La cultura de la noche genera un efecto de aculturación, hay un proceso de socialización que se inicia antes del ingreso y al que los jóvenes se avienen para ser aceptados, para pertenecer, no ser excluidos, para ser legítimos. Cada uno de los locales de la noche tiene sus normas implícitas o explícitas, a las que hay que avenirse; a esto se suman los controles intragrupo, los códigos sutiles que regulan la pertenencia a las diferentes tribus, establecen las condiciones para pertenecer y detectan las transgresiones”.

Es allí donde radica nuestra mirada, donde advertimos a esos jóvenes – con identidades aún en construcción- como personas que responden al modelo de la masculinidad hegemónica, que sigue más vigente que nunca como norma o mandato social. Más que buscar una razón ontológica de la violencia en las personas, esta condición de violencia se inscribe en la construcción de una masculinidad latente en nuestra sociedad, la cual promueve un esquema consciente y racional de su implementación, y la avala.

Al respecto, el Doctor en Comunicación Juan Branz, quien investigó sobre el problema de las masculinidades en el deporte y los espacios urbanos, afirma que estas prácticas se producen asiduamente porque para quienes las ejecutan “perpetrar al otro mediante violencias (simbólica y física) es la celebración de la propia masculinidad que no acepta otro modo de vincularse con otro varón”.

En idéntico sentido, Rita Segato sostiene que “el mandato de la masculinidad exige al hombre probarse hombre todo el tiempo; porque la masculinidad, a diferencia de la femineidad, es un estatus, es una jerarquía de prestigio, se adquiere como un título y se debe renovar y comprobar su vigencia como tal”. Cabe señalar entonces, que la obtención de esa masculinidad, está estrechamente ligada a la reproducción de un sistema de dominación que se concretiza a través de un discurso y prácticas violentas, que no toleran la otredad.

Fuerza y masculinidad son parte intrínseca del modelo impuesto por la norma, por este imaginario social que nos engloba como sociedad. Fuerza que se caracteriza principalmente por el desempeño y la aptitud física del individuo, que le otorga cierto reconocimiento en su grupo de pertenencia.

Esta fuerza que enaltece frente a los propios pares, como símbolo de poder, suele llevar a los varones a exponerse a sí mismos y a otros/as a conductas violentas, como son las peleas. Pues la fuerza física y la competencia son claves en estos espacios exclusivamente de hombres. Desde la infancia se impulsa e incentiva, sobre todo a los varones, a practicar todo tipo de deportes y juegos de fuerza.

El mundo del deporte (no sólo del rugby) tiene un papel preponderante en la formación de niños y niñas, sobre todo cuando tienen edades para “competir” y se comienza a entrenar la agresividad en la práctica, la competitividad furiosa donde “todo vale” en nombre de la victoria. Quienes no desarrollen estas “aptitudes”, posiblemente son quienes luego quedan fuera del equipo o no son tenidos en cuenta al momento de “competir”. Tema central éste, pensando en la prevención de las violencias.

También es necesario señalar que en este afán de ser respetados por nuestro grupo de pertenencia (familia, amistades), es sumamente difícil para una personalidad e identidad en construcción no buscar la aprobación de nuestros pares. En esta cuestión de “supervivencia social” debe reconocerse lo difícil que es para un varón poder plantearse cómo quiere o desea ejercer su masculinidad, sobre todo cuando se ridiculiza, agrede, acosa o segrega a quien expresa ese deseo por fuera del modelo tradicional hegemónico, como ocurre en el caso del bullying escolar.

No debemos obviar que nuestras infancias y juventudes aún hoy siguen siendo socializados por personas adultas (padres, madres, familiares, docentes, profesores, etc) que fueron también socializados con los mandatos tradicionales de la masculinidad hegemónica, adultos que, en ocasiones, justifican, reproducen y perpetúan estos estereotipos.

Nada de todo lo que acontece hoy en día con nuestras adolescencias y juventudes es sorpresivo, o nuevo.

No se trata aquí de buscar responsables individuales ni ocuparnos de señalamientos. Se trata de reconocer que estas juventudes han sido formadas por todos nosotros, porque la sociedad somos todos. Todas las personas, en forma consciente o inconsciente, formamos parte del imaginario social y del proceso de socialización de estas infancias y adolescencias actuales, debiendo ocuparnos de repensar cuáles son los ejemplos que hemos dado, y que seguimos dando.

Entonces, ¿cómo hacemos para prevenir la muerte de otro joven, en manos de otro u otros adolescentes exacerbados por la irracionalidad y la demostración de poder ante el uso de la fuerza y la violencia? ¿Cuál es el rol que debemos ejercer como personas adultas, encargadas de este proceso de socialización de nuestras infancias y juventudes, para evitar que estas situaciones de violencia y peleas recurrentes sigan teniendo lugar?

Como primera medida es imperante realizar una autocrítica sobre nuestros propios pensamientos y acciones, para tratar de identificar nuestras limitaciones en este aspecto y comenzar a desafiar, con acciones claras y determinantes, este modelo tradicional de la masculinidad, dando lugar al autocuidado y al cuidado del otro, a la expresión de los sentimientos y emociones, al diálogo y el respeto cómo única herramienta válida para la comunicación, a respetar las identidades y diversidades de cada individualidad. Como madres, padres, hermanos/as, docentes, vecinos, amigos/as, extraños/as, es nuestra responsabilidad hacer llegar el mensaje a las nuevas generaciones de que este tipo de actitudes ya no serán sinónimos de poder, admiración o temor, tomando intervención pronta y oportuna para disipar y cuestionar cualquier hecho de esta naturaleza.

Advertimos que es necesario pensar políticas integrales de prevención para estas violencias, en múltiples espacios y dimensiones, así como en todos los niveles educativos. Con Equipos Técnicos idóneos y capacitados, que se integren a la labor con las juventudes dentro del ámbito de la educación, del deporte, del barrio y la noche, trabajando en territorio, desde el preescolar, durante la primaria y secundaria.

Hoy esta actividad queda relegada a la empatía, apertura y buena predisposición de algún directivo o docente, que sumergidos en la cotidianeidad de los jóvenes y con especial atención a las escenas que transcurren en las aulas, o que se ventilan dentro pero ocurren fuera de ellas, pueda decidir trabajar ciertas problemáticas con sus propios recursos, o bien, peticionar la colaboración de algún equipo de profesionales de su localidad para brindar una charla, un taller, “algo” para trabajar y concientizar. Prevención del bullying, violencia entre varones, vínculos (noviazgos) con violencias, prevención del suicidio adolescente, consumos problemáticos, son algunas de las temáticas más solicitadas.

Los Equipos Técnicos que actualmente se desenvuelven bajo las distintas esferas estatales para el abordaje de las violencias, sabemos qué hace tiempo se encuentran desbordados en lo que respecta al abordaje de casos judicializados o en vías de judicialización, lo que permite traslucir la imposibilidad de éstos para realizar y sostener la actividad de promoción y prevención, como debiera cumplimentarse. Necesitamos que los profesionales que conforman estos Equipos puedan salir de la oficina, el consultorio y el discurso académico, para centrarse -a la vez- en la prevención de estas problemáticas, con y para nuestras juventudes, en el territorio, con prácticas comunitarias.

Sin restar la relevancia del caso Báez Sosa, que hoy traemos a colación justamente por el alto nivel de mediatización que tuvo, y siempre desde el más profundo respeto a su memoria y al dolor de su grupo familiar, es nuestra intención con este breve texto señalar que la violencia entre varones existía, aún existe y que lamentablemente, va a seguir existiendo.

La realidad demuestra que las agresiones que sufrió Fernando no fueron producto de un hecho aislado, obra de 8 únicos “perversos”. La misma realidad también nos indica que por más severa que sea la sanción jurídica a aplicar, ello no será motivación suficiente para que este tipo de hechos vayan a mermar. Creer lo contrario sería mentirnos a nosotros mismos, evocando ficciones que nos tranquilicen el pensamiento, pero no que efectivamente contribuyan a cuidar y resguardar a nuestras niñeces y juventudes.

Lo que debemos hacer, ahora mismo y sin demora alguna, es direccionar nuestras energías a políticas preventivas reales. Exigir por ellas y respetarlas, para así también poder hacerlas respetar.

Para quienes trabajamos en el abordaje integral de las violencias, este tipo de casos nos provoca el desafío de seguir diseñando y realizando acciones que orienten a la prevención de estas problemáticas, desnaturalizando estas prácticas de poder que moldean la masculinidad a través del sometimiento hacia el otro, previendo y pretendiendo llegar antes del hecho consumado.

Equipo Técnico
ONG Generación Igualdad
Abogada Mariela Migueles
Abogada Gisela Bournot
Lic. En psicologia
Vanesa Moreno
Lic. En psicologia Esp. En psicologia forense Roberto Domingo Battaglia

Referencias bibliográficas

  • Nota, “violencia Juvenil” en https://www.baenegocios.com/sociedad/Violencia-juvenil.
  • Margulis Mario, “La cultura de la noche. La vida nocturna de los jóvenes en Buenos Aires”. Editorial Espasa, 1994.
  • Stola Enrique, en “Feminismos, Derechos Humanos, igualdad como principio de la acción y libertad”. https://stolaenrique.co/2023/01/16.
  • Rita Laura Segato, en “Contra-pedagogías de la crueldad”. Prometeo Libros, 2018.
  • Rita Laura Segato, en “Las estructuras elementales de la violencia”. Universidad Nacional de Quilmes, 2003.
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Conversatorio con las Defensorías Oficiales

Tuvimos el agrado de compartir la exposición con la Dra. Marisa Herrera, quien desde el aspecto legal se explayo sobre los desafíos de “Defender con perspectiva de género”, abocándose a las tensiones que se generan en el derecho de la actualidad.
Siguiendo la exposición de la Dra. Herrera, nuestros profesionales abordaron aspectos relacionados con el discurso psicológico y las distancias de este con la mirada netamente legal. Se desarrollaron conceptos relacionados con el saber propio de la psicología y se puso de manifiesto, la necesidad de que tanto funcionarios como empleados del organismo cuenten con otras herramientas, que les permitan lograr intervenciones productivas con sus representados o posibles representados.
El entendimiento del otro, la empatía, el respeto, la claridad en el lenguaje, el tiempo para la explicación, las intervenciones ante situaciones de violencia y/o de personas con padecimientos de salud de mental, confrontado con la carencia de recursos materiales y humanos, fueron algunos de los tantos temas que formaron parte de la exposición y debate.

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Curso para fuerzas policiales y penitenciarias de las Provincias de Jujuy y Salta

El curso desarrollado se denominó “Herramientas para la actuación policial y penitenciaria con perspectiva de géneros” y tuvo como coordinadores a Dra. Mariela Migueles, Dra. Gisela Bournot, Lic. en Psicología Vanesa Moreno, y Especialista en Psicología Forense Roberto Battaglia.

Generación Igualdad fue seleccionada para llevar a cabo el curso, luego de meses de trabajo, bajo la organización y supervision de ONU Mujeres e Iniciativa Spotlight (organismos internacionales con sede en Argentina), y en articulación con los gobiernos provinciales de Jujuy y Salta.

El propósito del curso fue aportar conocimientos y herramientas para la transversalización de la perspectiva de género, con foco en:

▪️ relaciones de género en las instituciones de seguridad (equidad de género y no discriminación)

▪️ masculinidades, cultura institucional y construcción de autoridad

▪️ estructuras sociales de la violencia (abordaje cultural y normativo)

▪️ actuación policial desde una perspectiva de género y derechos (adecuación de trato a personas LGBTI+, prevención y abordaje de violencias basadas en género, investigación criminal, entre otras).

Las fuerzas policiales y el servicio penitenciario llevan como marca de origen su carácter jerárquico y su composición masculina.

Si bien en las últimas décadas, con variaciones temporales, se han ido incorporando a sus filas mujeres y personas LGBTI+, las arraigadas culturas institucionales sostienen todavía hoy desigualdades de género y prácticas discriminatorias internas y externas.

Al mismo tiempo, dicha transformación en la composición de las fuerzas de seguridad, así como las diversas normativas y políticas públicas de ampliación de derechos en materia de géneros y diversidad, contribuyeron a dar pasos significativos hacia la eliminación de toda forma de discriminación y violencia basada en género dentro de las instituciones.

Tanto a nivel de las Fuerzas policiales y de Seguridad Federales, como de algunas policías provinciales y locales, se crearon áreas específicas de género y diversidad, se desarrolló normativa interna para la denuncia y acompañamiento frente a situaciones de violencia de género laboral o intrafamiliar y la protección de las víctimas, y se formalizó la capacitación al personal en la prevención y abordaje de las violencias y la discriminación. Estas acciones han generado un terreno propicio para avanzar en la profundización de los procesos de incorporación de la perspectiva de género a la cultura institucional y, en particular, para garantizar el carácter sistemático y continuo de la formación y sensibilización en la materia.

Entendemos además, que es fundamental desarrollar productos que recojan las particularidades de cada uno de los territorios e instituciones, para que el conocimiento que estructure las secuencias de enseñanza pueda ser apropiado por el personal en sus tareas concretas.

Los procesos desarrollados en Argentina dan cuenta de la necesidad y también del interés de las instituciones de seguridad en profesionalizarse y democratizar sus prácticas.

Otros objetivos del curso fueron que el personal de las fuerzas policiales y del servicio penitenciario puedan:

● Problematizar las relaciones de género en las instituciones de seguridad y servicios penitenciarios a fin de pensar las desigualdades existentes dentro de las mismas.

● Comprender e implementar en sus tareas la perspectiva de género y diversidad, tanto para los vínculos intra-fuerzas como en sus funciones hacia la comunidad.

● Aportar a la identificación de diferentes expresiones de la violencia y la discriminación basados en género, y su expresión particular dentro de las FP y SP.

● Trabajar la comprensión de la diversidad sexual y de género desde el marco de DDHH, considerando tanto los avances en materia de derechos, como los protocolos
de actuación dentro de las fuerzas.

● Conocer los debates contemporáneos sobre las masculinidades, sus mandatos y su relación con el ejercicio de la autoridad, el poder y la violencia.

El curso se organizó en 4 clases virtuales asincrónicas que los/as agentes debieron seguir a través de un campus virtual. Las clases contaron con un recorrido que incluye el desarrollo de contenidos a partir de la puesta en juego de herramientas conceptuales, actividades didácticas, lectura de bibliografía especializada y actividades integradoras.

Además, el curso conto con un encuentro sincrónico virtual que se llevó a cabo a mitad del desarrollo de la propuesta de enseñanza.

Finalmente, se realizaron los encuentros de cierre de manera presencial, donde se logró sistematizar y reflexionar sobre lo trabajado en el curso para consolidar las herramientas prácticas.

Las clases desarrolladas fueron:
-Clase 1: Relaciones de género en instituciones de seguridad y servicios penitenciarios.
-Clase 2: Masculinidades.
-Clase 3: Violencias y discriminación.
-Clase 4: Diversidades sexuales y de género.
-Clase 5: Presencial. Repaso de todo lo trabajado. Intervenciones y trabajo grupal con viñetas de casos prácticos.

El curso termino con una actividad integradora como evaluación final. Más de 160 oficiales de las fuerzas policiales y penitenciaras de Jujuy y Salta lograron finalizar el curso de manera satisfactoria.

El Equipo Técnico de Generación Igualdad continuará elaborando cursos y capacitaciones como la que se realizó en Jujuy y en Salta, teniendo en agenda el inicio del mismo curso para los meses de febrero y marzo del 2023 con las fuerzas policiales y penitenciarias de la Provincia de Tucumán, en articulación con el Ministerio de Seguridad de dicha Provincia.

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Generación Igualdad realizó talleres preventivos en el Centro de Contención Pulmahue

La ONG desarrollo un programa que pudiera abordar distintas temáticas, en base a lo articulado y solicitado por los Directivos del Centro, Sr. Gustavo Mendoza y Sr. Martin Navarro, contando con la participación de Profesionales de la Institución, como el Lic. en Psicología Justo Lanz, Lic. Oscar Carreño, y operadores.

La intención de los equipos del Centro, como de la ONG, fue la de poder desarrollar una actividad sostenida, elaborada y profunda, con contenido, acerca de distintas temáticas que surgieron y se trabajaron en talleres desarrollados durante 2021.

Los espacios fueron coordinados por los Profesionales de Generación Igualdad, Evangelina Van Morleghey, Lic. en Psicología Vanesa Moreno y Esp. En Psicología Forense Roberto Battaglia.

El proyecto estuvo destinado a los adolescentes del Centro de Contención “Pulmahue” que se encuentran dentro del sistema de Responsabilidad Penal Juvenil, con el fin de abordar una problemática emergente como son las violencias, para generar condiciones y herramientas para el desarrollo de relaciones interpersonales saludables, mejorar la capacidad de comunicación, de empatía, etc.

A partir del análisis de encuestas realizadas a los jóvenes, se fueron planificando los encuentros en modalidad taller. En un primer momento se trabajó de manera lúdica, con el fin de que los adolescentes se entusiasmen, participen y se genere un ambiente agradable. Por lo que, en un segundo momento, se trabajó de manera teórico-práctica, mediante actividades grupales y/o individuales, dando lugar a la palabra, reflexión, y, por lo tanto, a la adquisición de nuevos aprendizajes relacionados a la temática.

Se trazaron objetivos generales, y específicos, que pudieron lograrse a lo largo de los 5 meses de trabajo.

Objetivos generales:

✓ Identificar las diversas formas de las violencias presentes en el entorno de los jóvenes, y a reconocer aquellas en las cuales se han visto involucrados, ya sea como víctimas, como victimarios o ambas.

✓ Involucrar a los adolescentes en una transformación personal, grupal y social acerca de las violencias, la convivencia y los vínculos humanos.

✓ Colaborar en reforzar la educación emocional y sus habilidades sociales.

✓ Prevenir la participación de los jóvenes en cualquier forma y expresión de las violencias.

Objetivos específicos:

✓ Que los adolescentes crean en el diálogo y en el intercambio en sus relaciones, buscando maneras alternativas al uso de las violencias como mecanismo para solucionar conflictos.

✓ Que los adolescentes conozcan las distintas formas de violencias existentes en nuestra sociedad, y comiencen a adquirir herramientas para prevenirlas.

✓ Que puedan defender sus derechos a no ser violentados y ejerzan su responsabilidad de no ejercer violencia contra otras personas.

✓ Generar las condiciones para que cada uno pueda expresar sus puntos de vista, respetando las diferencias.

✓ Desarrollar la capacidad empática de los participantes.

Se realizaron 5 talleres (de 2 horas de duración aproximada) donde se abordaron distintos temas, con diferentes modalidades de trabajo:

Primer taller: Dinámica de presentación del grupo y expresando nuestros sentimientos, “Sentir y expresar lo que siento”.

Segundo taller: El valor de la comunicación.

Tercer taller: Hablar sobre violencia. Expresar sentimientos sobre violencia. Ronda de preguntas para Identificar las formas de las violencias que a veces ejercemos, o que a veces otros ejercen sobre nosotros.

Cuarto taller: Bullying, Masculinidades y el ejercicio de las violencias. Masculinidades y Salud Mental.

Quinto taller: Convivencia. Reglas y contratos para una convivencia en armonía.

Hacia los últimos días del mes de noviembre se realizó el cierre con un intercambio entre los asistentes, coordinadores de los talleres, y directivos y profesionales del Centro.

El saldo y el balance de los 4 meses de trabajo fue muy positivo, generando en el último encuentro un intercambio que pudiera plasmar en una actividad las sensaciones, vivencias y aprendizajes a lo largo del desarrollo del programa.

Como equipo técnico de Generación Igualdad celebramos el trabajo realizado y la convocatoria por parte del Centro de Contención Pulmahue para realizar la actividad, y la incesante iniciativa de esta Institución para seguir trabajando y profundizando en estas problemáticas, con el objetivo de brindar mayor capacidad y herramientas a los jóvenes alojados transitoriamente en el Centro, y con objetivos netamente preventivos.

Agradecemos la convocatoria y la confianza en el trabajo que realizamos.

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Desaprender es la tarea: el trabajo con varones que ejercen violencia hacia las mujeres

¿Puede prevenirse un femicidio? ¿Es posible que el trabajo con varones que ejercen violencia hacia las mujeres sea una respuesta a explorar como alternativa? En el primer cuatrimestre de este año, según el relevamiento que realiza el Observatorio de Femicidios en Argentina «Adriana Marisel Zambrano», que coordina la Asociación Civil La Casa del Encuentro, se registró casi un femicidio por día: entre el 1 de enero y el 30 de abril, hubo al menos 113 femicidios y trans-travesticidios, de los cuales el 65% tuvo lugar en el hogar de la víctima. El 58% fue asesinada por su pareja o expareja y, a su vez, 26 de ellas habían realizado una denuncia contra sus agresores, mientras que 4 femicidas tenían dictada una medida cautelar de prevención.

Generación Igualdad es una ONG conformada por un equipo técnico de profesionales que nos dedicamos al trabajo de asesoramiento, capacitación e investigación en estudios de género y abordaje de las violencias. Desde hace ya varios años vemos que, con el transcurrir del tiempo, se lucha y se conquistan derechos pero pareciera ser que, en lo atinente a las violencias hacia las mujeres, el esfuerzo nunca es suficiente. El sentimiento común para quienes trabajamos en territorio no es otro que la frustración: nos encontramos con una sensación de repetición permanente. Frente a cada 8 de marzo, o cuando sucede un caso que despierta la conciencia social y colectiva, somxs muchxs los profesionales y especialistas en distintas áreas convocadxs por medios de comunicación e instituciones para comentar, opinar, describir y así llevar luz sobre el tema desde el discurso académico que intenta, de alguna manera, explicar el acontecimiento de turno. En ese sentido, el Estado también saca a relucir lo que hace en relación al tema y actualiza algunas acciones llevadas a cabo. Pero luego entramos en una aparente «calma» -como la fase del ciclo de la violencia conceptualizado por Leonore Walker- hasta que algún nuevo caso, por lo aberrante, o por la trascendencia mediática, vuelve a convocar toda nuestra atención.

Realmente nos preocupa la situación actual. Necesitamos respuestas y consideramos que un punto de inicio en esta búsqueda podría estar en quienes encarnan estos hechos de violencia. Por eso, en febrero, dimos inicio a una investigación sobre el femicidio y las violencias extremas hacia la mujer que se está desarrollando en la Unidad Penal 6 de Dolores, en la provincia de Buenos Aires. Las estadísticas, acompañadas de nuestra realidad social, indicarían que la disminución de casos no representa una posibilidad próxima o tangible. A pesar de la visibilización de las violencias y la cantidad de organismos existentes para abordarla, los números de femicidios siguen sin descender y aún no resultan suficientes los canales y las estrategias para su prevención. Entonces, la cuestión a develar es ¿cómo prevenimos efectivamente un femicidio? E, incluso, deberíamos anticiparnos y preguntarnos si acaso eso es posible, y si se podrían prevenir las violencias.

Con fundamento en nuestro trabajo diario en el abordaje integral de las violencias con dispositivos para hombres que las ejercieron, creemos que se puede y parte de la base de la investigación que estamos desarrollando está orientada a encontrar respuestas más cercanas a esos interrogantes. En esta búsqueda, nos interesa indagar en la antesala del femicidio y en la configuración de esas escenas.

Cambiar el foco

A partir de nuestra experiencia, creemos que el primer paso para la prevención debería ser contar, en todo el territorio argentino, con espacios especializados en el abordaje integral con varones que ejercieron violencias a partir de dispositivos grupales: son ellos quienes frecuentemente inician el ciclo de la violencia y lo reproducen; son ellos quienes más reinciden en estos tipos de actos y también quienes, una vez finalizado el vínculo, vuelven a conformar otro con una nueva pareja y a repetir sus mecanismos vinculares. Esto es muy visible en localidades pequeñas.

Desde nuestro trabajo de campo, hemos desarrollado encuestas con equipos técnicos de profesionales que se dedican al abordaje integral en dispositivos grupales con hombres que ejercen o ejercieron violencias, a partir de derivaciones de la Justicia civil y penal, y voluntarios sin denuncias. De nuestra investigación/encuesta a 55 profesionales que trabajan en territorio bonaerense, surge solo un caso de un varón que haya pasado por esos dispositivos y luego cometiera un femicidio.

Esto nos lleva a pensar distintas cuestiones, algunas aún a modo de hipótesis:

  • La necesidad obligatoria de contar con dispositivos para varones que ejercen violencias teniendo como fin el trabajo preventivo. Las estadísticas de cada dispositivo demuestran que hay un gran porcentaje “permeable” a ser abordado en estos espacios.
  • Que los varones que llegan a cometer femicidios, si son denunciados, estarían dentro del porcentaje de los que no se presentan en estos dispositivos (que es alto).
  • Gran parte los femicidas no tienen denuncias previas, por ende, rara vez llegan a ser derivados a dispositivos grupales o a iniciar algún tipo de tratamiento. Tampoco consultan espontáneamente.

Del Registro Nacional de Femicidios de la Justicia Argentina (RNFJA) de 2021, dado a conocer la semana pasada, surge que de los 231 femicidios cometidos ese año, a los que se sumaron otros 20 femicidios vinculados, al menos 42 mujeres habían denunciado alguna vez y 22 tenían medidas de protección vigentes. Es decir que 189 nunca llegaron a denunciar a la persona que luego las mataría.

Consideramos que, si los equipos técnicos que están a diario en el abordaje integral y la prevención de violencias, trabajando con las mujeres que son víctimas y los hombres que la ejercen, se enfocan prioritariamente en casos judicializados, estaríamos desviando el foco del lugar para la intervención.

Ante esto, nos encaminamos a entrevistar hombres condenados por delitos de violencia por motivos de género y/o femicidio, alojados en la Unidad 6 de Dolores, perteneciente al Servicio Penitenciario Bonaerense, institución con la que se articuló el proyecto de investigación. Los primeros contactos los hicimos a finales de 2019, con la intención de comenzar a trabajar en marzo de 2020, pero ante el inicio de la pandemia de COVID-19 y la cuarentena obligatoria, se paralizaron las entrevistas. Por eso, recién pudimos retomar la investigación en febrero de este año. En principio, cuando iniciamos el proyecto antes de la emergencia sanitaria, en dicha unidad había una población considerable de varones condenados por femicidio. Cuando reiniciamos el trabajo de campo, la muestra había sido reducida notoriamente, por lo que se amplió también a hombres detenidos por delitos de violencia de género.

En esta etapa, nos encontramos revisando la población dispuesta a ser parte del proceso de investigación. Hasta el momento se realizaron entrevistas de consentimiento informado. Del total de entrevistados, la mitad aceptó ser parte. En este sentido, muchos priorizan otras actividades que tienen dentro del penal (escuela, deportes, trabajos), y otros simplemente se negaron por no querer hablar “del pasado”. Asimismo, debido a los movimientos propios de la institución, la muestra sigue abierta, y se pueden dar nuevos ingresos. En principio, nos veremos en el reto de bucear entre las trincheras legales, subjetivas, la vida carcelaria, la condena social, la soledad, la estructura psicológica, la familia, y el enfrentar las condenas.

De las entrevistas con el director del penal, Emilio Lupo, surge que no existe este tipo de trabajo en la provincia de Buenos Aires. Es decir que es un estudio inédito dentro del Servicio Penitenciario y fue recibido con muy buenas expectativas. A su vez, esto permitió que puertas adentro de la institución se piensen nuevos espacios y dispositivos para trabajar con esta población carcelaria al concluir los procesos de entrevistas, como pueden ser espacios grupales psico-socio educativos. La intención es, una vez finalizada la investigación, analizar y proyectar ideas y encuentros que permitan su continuidad y la réplica en otros establecimientos de la Provincia.

Dónde estamos y hacia dónde vamos

El abordaje del ejercicio de las violencias y su prevención es un campo complejo, y dada la multiplicidad de dimensiones a considerar, puede derivar en la omisión de distintos aspectos de trascendencia, según el enfoque. Analizar en profundidad las características vinculares y las percepciones subjetivas de los vínculos que se conforman en estos casos puede ser una herramienta pertinente para el trabajo preventivo.

El femicidio es el final de lo que en principio comienza como un vínculo sexo-afectivo. Estudiar cómo se vinculan estos hombres, qué características tienen esos vínculos, qué pensamientos, sentimientos y emociones recurren y convergen a lo largo de sus biografías, qué lugar hay para la compulsión a la repetición en sus vínculos significativos, entre otras cuestiones, es la información que se buscará recabar.

Luego de trabajar durante casi 8 años en espacios grupales para hombres denunciados que ejercen o ejercieron violencias, hemos elaborado una taxonomía de dos tipos de modalidad vincular (con sus características diferentes) que vemos que se repiten. Necesitamos indagar si estas características coinciden en hombres que llegaron a cometer un femicidio.

Creemos que es necesario profundizar en múltiples hipótesis y ahondar en las particularidades de esas relaciones vinculares si queremos prevenir el acto femicida, que se configura en un entramado vincular, social-contextual y subjetivo. La investigación se desarrollará durante todo este año y, con los resultados al concluir la primera etapa, se pretende obtener material empírico acerca de la lógica intrapsicológica y social-contextual del acto femicida en la Argentina actual. Cierto es que cada caso es distinto a otro y que cada uno tiene sus peculiaridades. Sin embargo, se podría pensar o plantear el interrogante acerca de algunas cuestiones recurrentes o similares entre estos casos, o por lo menos, investigarlas y generar material de estudio que, hasta la fecha, es inexistente en nuestro país.

Entonces, ante esta realidad, nos sentimos obligados a realizar una revisión crítica de las prácticas. Es que a partir de nuestro trabajo de campo en el abordaje integral y el trabajo en espacios de supervisión de los últimos 4 años con equipos técnicos que coordinan dispositivos grupales, podemos ver algunos obstáculos recurrentes en los abordajes preventivos de violencias. Algunos de ellos son:

  • La cantidad de dispositivos disponibles en territorio bonaerense: se estima que hay 50 en funcionamiento entre los 135 municipios de la Provincia. Esto genera que, en el grueso de los distritos, la Justicia no tenga dónde derivar hombres que ejercieron violencias para realizar un trabajo preventivo, y en el caso que alguno quiera hacerlo por voluntad propia, no cuente con el espacio.
  • Equipos técnicos con escasa formación en la temática, a lo que se suman las condiciones laborales de contratación (bajas remuneraciones, contratos precarizados) y la adjudicación de varias funciones a un mismo profesional (trabajan en distintos equipos técnicos, de áreas diferentes).
  • Precarización en las condiciones materiales de trabajo (sin teléfono, sin computadora, sin Internet, sin condiciones edilicias mínimas).
  • Esto fomenta que sea frecuente la migración de profesionales, y la no consolidación de equipos técnicos capacitados sostenidos en el tiempo. También se presentan obstáculos diarios en los canales de comunicación (y derivación) de las instituciones intervinientes en casos de violencias, donde el trabajo “en red” y la articulación resultan sumamente dificultosos, casi imposibles.

En este estado de cosas, esperamos avanzar en la investigación que desarrollamos para poder colaborar a futuro con más herramientas ante las violencias. También consideramos que será importante la contribución que se podría hacer al Estado, con el objetivo, siempre, de prevenirlas y alcanzar un verdadero abordaje integral para desandarlas.

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Asesoramiento en armado de protocolos en violencias para el club Ever Ready

A raíz de lo trabajado en la capacitación en Ley Micaela, se despertaron varios interrogantes sobre el modo de proceder, la toma de decisiones, y las reglamentaciones vigentes para poder disminuir/erradicar situaciones de violencias.

Por tal motivo es que desde nuestra ong asesoramos y acompañamos al Club Ever ready en el armado de protocolos para situaciones de violencias, abuso y Bullying.

Iniciamos este trabajo con un diagnostico institucional, y a raíz de ello fuimos observando puntos fuertes y débiles de dicha institución. Se realizo un análisis institucional, y se profundizo en las condiciones que deben tener dichos protocolos, para que sean adaptados a la realidad de la institución.

Cuando pensamos en el armado de protocolos, lo hacemos sabiendo que con ellos lograremos sensibilizar, involucrar, y responsabilizar a las personas en problemáticas que son transversales socialmente, aspirando a promover relaciones saludables, armónicas y de respeto.